Dos caminos paralelos. A un lado está el mundo físico, la vida cotidiana del hombre. Al otro, ese lenguaje de pensamiento abstracto llamado números. Pero en el trayecto ambos caminos se conectan, mejorando de tal manera y tan a menudo la vida del hombre que los ejemplos se convierten en infinitos.
Estamos acostumbrados a que las cosas funcionen solas, pero detrás hay algo que las hace funcionar. Al introducir una palabra en el buscador de Internet, por ejemplo, en Google, los resultados tampoco son casuales. Los matemáticos imaginan la Red como un montón de puntos colocados sobre una superficie. Hay que identificar quiénes son los que miran y quiénes los que son mirados, buscar la palabra que se pide y jerarquizar los resultados, incluso este mismo comentario lleva detrás ordenes para poder ejecutarse, todo ello a través de algoritmos diseñados para ello.
Efectivamente las matemáticas no sólo son el lenguaje universal sino también son imprescindibles en nuestra vida diaria.